La Erre
La Erre
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Los orígenes de la hacienda datan de la primera mitad de siglo XVII. En 1606, el virrey Marqués de Montes Claros cedió el sitio de ganado mayor y ocho caballerías a Pedro Rodríguez Montero, que vendió a pocos días a Hernán Carrillo Altamirano, que era abogado de la Real Audiencia de México. La hacienda llegó a ser uno de los latifundios más grandes de Guanajuato. En 1619, Juan Altamirano Saavedra, pariente de Hernán Carrillo, se convirtió en dueño de varias haciendas, entre ellas La Erre. Más tarde heredó el sitio Rodrigo Mejía y Altamirano, alguacil mayor de la Real Audiencia de Nueva España. Las haciendas, para este entonces, formaban parte de un solo complejo económico, la Hacienda de la Erre. Murió Rodrigo Mejía y Altamirano y la hacienda pasó a manos de su hija, Juana Mejía Altamirano y de Tovar, casada con Carlos de Luna y Arellano y Sámano, mariscal de Castilla. Al pasar los años, la hacienda fue cambiando de manos por herencia, pero siempre en la misma familia, y no fue hasta después del moviendo insurgente en la Guerra de Independencia que la hacienda fue abandonada. En la fachada de la hacienda hay una placa con fecha 16 de septiembre de 1810, que narra cómo llegó Miguel Hidalgo y comió en la hacienda. En 1824, la hacienda se vendió a Mateo Delgado. En 1890 cambió de manos, tras varios legados entre la familia y se quedó con ella Manuel Rubio; el archivo y biblioteca de éste se encuentran intactos. Al morir Manuel Rubio, el inmueble pasó a manos de su hija María Guadalupe, quien fraccionó la hacienda, terminando con uno de los latifundios más grandes. Hoy en día están restaurando la hacienda para convertirla en hotel.

En el municipio de Dolores Hidalgo.

Hotel
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